Muchas veces pensamos que practicar en casa requiere un gran espacio, mucho tiempo o una disciplina impecable. Esa idea suele bloquearnos antes de empezar. La verdad es que el yoga en casa puede ser simple, ligero y profundamente transformador, siempre que lo abordemos con amabilidad y realismo.
Hoy quiero compartirte algunos consejos para que empieces tu práctica sin agobios, paso a paso.
No necesitas una sala dedicada ni un espacio perfecto. Basta con un pequeño rincón donde puedas extender tu esterilla. Mantenerlo ordenado y añadir algún detalle personal —una vela, una planta, una imagen que te inspire— puede ayudarte a asociar ese lugar con calma y conexión.
Olvídate de proponerte una hora diaria si eso te resulta imposible. Diez o quince minutos pueden ser más que suficientes. Lo importante no es la duración, sino la constancia.Una mini práctica podría ser tan simple como:
Respirar de forma consciente durante 2 minutos.
Hacer gato-vaca para soltar la espalda.
Pasar por perro boca abajo.
Terminar en postura del niño.
Un pequeño gesto puede marcar la diferencia. Puede ser encender una vela, juntar las manos en el corazón o simplemente cerrar los ojos y tomar tres respiraciones profundas. Ese ritual le dice a tu mente y a tu cuerpo: “ha llegado el momento de estar presente”.
Habrá días en que tengas más energía y quieras moverte, y otros en que prefieras quedarte en una postura restaurativa o sentarte a meditar. Todo eso es yoga. Recuerda: no se trata de hacerlo perfecto, sino de volver a la práctica, una y otra vez.
Prueba diferentes momentos del día, rutinas y estilos de práctica hasta encontrar lo que más resuene contigo. La práctica en casa es tu laboratorio personal, un espacio íntimo para escucharte y explorar lo que realmente necesitas.
Susana