No siempre imaginé que el yoga ocuparía un lugar tan importante en mi vida. Especialmente dar clases de yoga.
Al principio, lo sentía más como una práctica física, algo que me ayudaría a mover el cuerpo y sentirme mejor. Pero poco a poco descubrí que el yoga era mucho más que posturas: era un refugio, una guía y un camino de transformación.
Recuerdo mis primeras clases… la sensación de no entender del todo lo que hacía, de seguir con el ritmo de la clase de Ashtanga, de sentir el cuerpo rígido, la mente inquieta. Pero también recuerdo la calma que me acompañaba al terminar, como si algo dentro de mí se hubiera re colocado en silencio. Esa semilla fue creciendo con cada práctica, con cada respiración consciente, con cada momento en el que me permití simplemente estar.
El yoga me ha enseñado a escuchar mi cuerpo con paciencia, a respetar mis tiempos, a soltar exigencias y abrazar el presente. Ha sido un espejo donde me he visto con claridad: mis miedos, mis límites, pero también mi fortaleza y mi capacidad de apertura. Claro que al día de hoy tengo momentos en que ni siempre veo las cosas con la claridad que necesito, pero hace parte de todo el proceso, del camino.
Hoy puedo decir que el yoga no es solo una parte de mi vida, es una forma de vivirla. Me inspira a moverme con más conciencia, a respirar antes de reaccionar, a elegir la calma en medio del ruido. Y sobre todo, me inspira a compartir este camino con otras personas, para que también puedan experimentar esa transformación sutil y poderosa que nace desde dentro.
Este blog nace desde ese deseo: compartir contigo lo que el yoga me ha regalado y seguir aprendiendo juntas/os. Aquí encontrarás reflexiones, prácticas y pequeñas semillas que espero que te acompañen en tu propio viaje.
Gracias por estar aquí, por leerme y por abrirte a caminar conmigo este sendero de luz y presencia.
Susana